Bigarren Ipuin bilduma argitaratu du
Eloy Morenok. Aurrekoan bezala, aspaldiko istorioak egokitu egin ditu idazleak, garai
guztietan interesgarriak, baliogarriak eta pentsa arazten duten
horietakoak.
Eloy Moreno nos presenta una segunda colección de cuentos.
" Desde hace ya un tiempo me he dado cuenta que, a partir de una edad, a casi nadie le cuentan cuentos."
"Estos textos que os traigo han modelado de alguna manera mi forma de ser. Son pequeños cuentos, ya casi perdidos, de grandes autores que he decidido adaptar a los tiempos que corren."
LA MORALEJA DE LOS CUENTOS
Había una maestra que, cada día, al finalizar las clases dedicaba cinco minutos a contar un cuento a sus alumnos.
El problema es que, en algunas ocasiones, los alumnos no acababan de entender la moraleja de los cuentos.
Un día, cuando acababa de contar otra pequeña historia, un niño le hizo una pregunta.
- Maestra, tú nos cuentas los cuentos, pero nunca nos explicas su significado, ¿por qué?
- Es cierto, nunca lo hago -contestó ella-. Quizá debería arreglar eso, para disculparme voy a regalarte un melocotón, ¿te gustan los melocotones?
- Sí -contestó el niño.
- Está bien, pues aquí hay uno que está perfecto, en su punto, dulce. Pero espera, no voy a dártelo así, pues tú no llevas cuchillo, ¿verdad?
- No -contestó de nuevo el niño.
- Yo sí, espera un momento -y sacó del bolso un cuchillo y comenzó a pelar el melocotón.
Cuando ya estaba totalmente pelado, iba a dárselo pero retiró la mano.
- Espera, espera, ya que tengo el cuchillo voy a aprovechar y te lo voy a cortar en trozos para que sea más cómodo comértelo.
- No, no hace falta, puedo ir mordiéndolo -contestó el niño.
- No te preocupes, que no me cuesta nada.
La profesora sacó un plato y comenzó a dejar en él todos los trozos de melocotón que había estado cortando.
- Bien, pues ya está, creo que así ha quedado perfecto.
Pero en el momento en que el niño iba a coger el plato la maestra lo apartó de nuevo.
- Espera, que voy a hacer una última cosa para que te sea más fácil comértelo -le dijo con una sonrisa.
Cogió un trozo de melocotón, se lo metió en la boca y comenzó a masticarlo y, una vez masticado, lo dejó de nuevo en el plato, y así otro trozo, y otro y otro...
Cuando acabó de masticar todos los trozos le extendió el plato al niño.
- Bien, ¿así quieres que te cuente los cuentos?